sábado, 22 diciembre 2007
The More You Live, The More You Love (subtítulos)
Diciembre, fin de año y el calor vuelve a pegar. La mayoría practica el after office, hay escasez de condones (es primavera), hay una ola de shows que hay que ver, y mientras tanto, con cero claridad de nada, sigo pegado en reuniones, contando los días para las vacaciones, apurando presupuestos tan pequeños, que a la vez son tan insignificantes, que no soy visible para nadie. Tengo treinta y tantos febreros en el cuerpo. Increíblemente, me quedé en los 27. Me gustan los números y como las matemáticas desencajan. Sigo siendo ese hombre con cara de niño, inmaduro, soñador, e irresponsable. De pequeño fui observante, "hacia adentro", me sentaba en primera fila para que no me escucharan la voz, siempre fui tímido, aplicado, listo. Me gustaba usar jardinera de mezclilla, usar cuadernos con forro de plástico transparente. Mis cuadernos eran una Biblia, y no se podían tocar. Era el único de mis compañeros que no usaba uniforme. Sin querer ya era distinto.

Me quedan grandes los cumpleaños, no me soporto, no me soportan. Soy Acuariano. Soy introvertido. No tengo piso. Estoy despegado a treinta y cuatro centímetros del suelo. No hay márgenes, ni limites. Practico con los sueños, dicen que jugamos con los aterrizados. Confieso que habito en dos mundos. Me muevo por pasiones, por olores, por estomago, por tripas, por piel, por pH. No tengo apuestas con el mundo esotérico, no me gustan las runas, las cartas, los horóscopos, ni nada que prediga lo que siento. Me gusta aprender, errar, llorar, amar, reír, coger. Hay algo de nobleza en desearlo todo. No tolero la soberbia, los pasados, los copados, los cool, los modernos, los enunciados, los histéricos, los truchos, los egoístas, los flaites, los merqueros, y los maricones sonrientes.

Nací en Santiago, pero a los meses de vida, mi familia tuvo que partir al Sur de Chile (la beca Pinochet). Amo el Sur por sobretodas las cosas (Rayenco for ever). Amo los ríos, amo los bosques, amo el sabor de la Nalca con sal, amo la ensalada de “digüeñes”, amo el olor a madera húmeda y, el pasto silvestre. Amo las montañas, y la nieve, (no sé esquiar). Amo el invierno, amo las lluvias, y los vientos rojizos del “puelche”. Amo el pan amasado, su gente, sus manos y esas mejillas rosadas por el frío. Amo los caballos, amo el “niachi” y la carne del cordero al palo.

Amo a las mujeres, las amo intensamente. Tan así, que amo no estar con ellas. No soy padre. No soy novio. No soy amante. No soy pareja. No soy gay. No soy bis. No soy corriente. Amo mi espacio, mis pausas, mis silencios. Tengo dificultades con el mainstream, es mucho más duro que ir al dentista. Me frustran los ghettos periodísticos y radiales, la raza de product managers y, gente ligada a la publicidad. Soy comunicador social, y siento frustraciones cada vez más fuertes con las ideas. Tengo una cáscara frágil como la capa de ozono, no sé hasta que punto puede esperar antes de quebrantarse. Siento que no se regenera, al punto de perderse completamente a mediano o largo plazo. Estoy escribiendo ovillos de líneas para un guión autobiográfico. Esta dividido en tres historias (Nalca = infancia; Maqui = pubertad; Litre = presente). Ambos títulos son nombres de plantas silvestres que crecen el Sur y Centro del país. Todas poseen una característica y propiedad particular, que calzan con el orden cronológico y el argumento del guión. Hay muchos silencios en lo que escribo. Me gusta como filma Gus Van Sant (Elephant - Last Days- Paranoid Park). Tal vez, nunca termine de escribirla, desde ya, tengo asientos reservados en primera fila para todos ustedes. Creo que esa es una aproximación al futuro, me aburrí de contar historias sobre jeans y retail. Ya contribuyo con no usar desodorantes en aerosol, mi ozono tiene que restaurarse, porque deseo que el presente huela mejor.

El año pasado en Barcelona, conocí Francesca, una italiana que me devolvió el ego a mi vida. Fueron los días más intensos por España, boca arriba, encima de una Vespa, descartuchando botellas entre El Raval, El Gotico y El Borne. Mis historias son raras, casi como guiones sin terminar. Amo el sentido de humor surreal de Charlie Kaufmann. Amo a los Beatles. Amo 9 Songs. Amo a Gondry. Amo Donnie Darko. Amo a Danny Boyle. Amo a Elliott Smith. Amo a Anton Corbijn. Amo Nevermind. Amo a Paola Manfredi, su sonrisa, sus fotografias y, el amor que me ha traspasado su familia. Amo a Jodorowsky y La Montaña Sagrada. Amo y extraño las conversaciones en El Liguria con Mauro. Amo mi trouppe: Caro y Agustina; Iñigo y Debby; Darío e Isabel; Carola y Luquitas; Manuel y Piti; Mariechen, Sole, Paloma, Ivannia, Sandra y Ale Ruiz; Sergio, Marian y Mechi; Sandro, Pato, Carito, Iñaki, Borja, Seba, Santiago y Micaela; Cata y Alejandro; Ximena, Daniel y Owo; Pedro y María Paz; Mamani, Caco y DeTarso; Gonzalo, Andrea, Carlos; Cristián, JC, Pauli, Pili, GAN y Paty. Amo las frases que nunca pude decir. Amo la colección de vinilos de mi padre. Amo la simplicidad de Diego Luque, la dulzura de Vero Cheja, y la timidez de Gaspi. Amo coleccionar revistas. Amo los Volkswagen escarabajos. Amo los aeropuertos. Amo el Absolut Vainilla mezclado con Red Bull. Coincido con Diego, amo tener nula relación con los publicistas y mucha con los músicos. Amo los balcones, las azoteas y, escuchar la ciudad desde las alturas. Amo visitar constantemente una pequeña disquería llamada Sónar. Amo los escotes de mis amigas. Amo que Mariano, Mechi y Sergio me regalen ropa copada. Amo a mi nueva amiga Pau Mandraccio, porque se parece al personaje de Clementine Kruczynski. Amo que Alfred sea mi amigo, el "dealer" de películas. Amo el disco “La vida secreta”, de Félix. Amo a Lisa, la “kiltra” adorable de casa. Amo estar ocupado. Amo estar en silencio. Amo a mis padres.

No soy nadie en esta ciudad, y me aburren los lugares de moda. Me gusta ir a comer, y proponer con ignorancia el vino para que los comensales no me caguen a trompadas. Me gustan los bares de 4ta., que incluyan Wurlitzer y que puedan pasar videos. Me gusta bailar en clandestinos y beber cerveza de litro. Me gusta el barrio San Diego y almorzar en “Los Canallas”. Me gusta el ruido de los descorchadores y, de vez en cuando, ponerme a prueba junto a un vodka. Me gusta alcoholizar mis venas por esa sensación que deja la uva destilada en el aliento y, los centímetros que me separan de los labios de ella. Así cada borrachera sabe a virginal. Me desvirgine a los 14 y, la recuperé con Annegret a los 27. Tengo himen para los amigos, filtro las personas y la música, no me “copa” cualquier mujer, labios, vaso, cama, sábana, sabor u olor.

Tengo un pasado de cabellera clara y larga, de jardineras y jeans denim, chaqueta de cuero negra y cierres de metal, zapatillas caña blanca, algunas veces botas, y t-shirts de manga corta a un tono. Tengo una cabeza a punto de explotar, hablo rápido, raro, con timbres, prisa y dislalia. A veces tengo la sensación de vivir una vida mal doblada. Como si lo que escucho fuera tan sólo un resumen. Me gustaría poder subtitular algunos días, poder escuchar los ruidos, las voces y los movimientos de lo que me rodea, vivir en versión original. En estos meses he tratado de instalar mi pulso a las cosas. Mi firma. Mi estilo. Aun no he podido. No me ven. En algún momento creo que lo lograré. Si me aguantan un par de años más. Yo puedo aguantar. Lo sé. No sé si ellos a mí. Pero no importa. Ya me siento afuera. Ahora estoy en el show y debo bailar, hasta que baje a la pista. Arctic Monkeys lo dice en el debut: “I bet you look good on the dancefloor.” Yo quería jugar en primera división y lo he logrado en cierta medida. Ahora bien, para mandarme nuevamente a la segunda deberán hacerlo sin mi consentimiento. Y no los ayudaré ni un poco. Alguien se suma con un post?

Feliz Navidad. Feliz Año Nuevo. Paz y Amor para todos.
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jueves, 01 noviembre 2007
Why Does It Always Rain On Me
Estoy recuperando la conciencia a medida que el café de esta noche va haciendo efecto directo en el cerebro. Hay gente que vive cada minuto frente a su olor anestesiante. Otros los multiplican, algunos los ralentizan, y muchos lo afinan o lo retocan exageradamente hasta convertirlos en siglos de muerte lenta. Así facturo las horas y estos días, acumulando un cuenta millas, usando la misma ropa, tragando angustia, pensando inconmensurablemente y durmiendo poco. No miro el reloj. No existe plan de llamadas ni respuestas. No puedo despegarme las manos de los ojos. Ni siquiera consigo separar los dedos para poder ver entre ellos. No sé si es de día o de noche, si estoy solo o acompañado. Ni siquiera sé si estoy feliz o me siento triste. Estos días, mientras no creía en nada, algo ha entrado y ha hecho limpieza. Ha tirado cosas de mi vida, ha quitado el polvo, ha borrado gente, ha ordenado y ahora aquí huele a limpio. Tanto, que aunque no puedo evitar entrar a removerlo todo, da pena tocar, no vaya a volver a desordenarse todo.
Mi memoria emotiva dice que alguna vez viví en la precordillera del sur, en una casa grande, rodeada de muebles pequeños y una cama gigante. También dice, que siempre había mal tiempo, que las calles estaban llenas de árboles imperiales, que la gente era amable y que las cosas solían ser felices. Que tenía grandes amigos, al que los llamaba por su apellido, de veranos intensos y eternos, en pozones de agua. Que mi familia era perfecta, unida, alegre. Que yo era feliz, y que aprobaba los dictados de palabras sin estudiar. Que prestaba atención a las lindas compañeritas de la escuela, que me pasaba la vida merodeando los cerros comiendo nalca con sal, o jugando fútbol con los mayores de algún curso más arriba.
Mi memoria visual recuerda que este fin de semana mi madre fue operada de urgencia en el Instituto de Neurocirugía de la Universidad de Chile. Han pasado los días, y es ahora cuando lo proceso. Camillas, pasillos blancos, camilleros, enfermeras, becarios con delantales verdes y azules, y una simple despedida antes de que ella entrara a pabellón. Fueron las 5 horas más perpetuas, en donde todo pasa por una pena que te inventas y promueves, porque la alegría es mucho más difícil para describir. Fuimos simbólicamente parte de esa terna de cirujanos. Operamos ese tumor con el corazón, con los recuerdos, con los afectos, con eso que solo se puede entregar cuando el amor es más profundo que la muerte.
Nadie sabe como enfrentar el destino, siempre se me dijo que el día el día bastaba para estar feliz. A veces, aunque el suelo esté muy cerca, uno se siente caminando sobre una cuerda floja. Avanzas lentamente con miedo a caerte, con un pie delante del otro, el cuerpo tenso, y la mirada fija en un punto para no perder el equilibrio. Hacía años que no confesaba estar mal. Tengo tantos monstruos en la cabeza que siento sus arañazos. Y me escondo. Sin embargo, no sé preocupen por mi. Lo mío se quita con cualquier producto de limpieza. Frotando suavemente. Con delicadeza. Sin arañar. En seguida me ablando. Si mancho sale fácilmente. Y con la ayuda de un paño mojado quedo como nuevo. Listo para volver a usar. Por eso cuando me he ido, ni siquiera yo lo siento, ni lo intuyo, simplemente no estoy, no voy, no me encuentro y no me importa. Ya me encontraré. Como hoy.
Desde esta noche mi bebida favorita será un café, y la razón. Mi voz se irá inventando, y el frappé en el vaso exagerará mis arrugas. Cada vez, me llevaré menos sorpresas, la felicidad llegará risiblemente, pero cuando me arribe el contraste será mayor. Mis días pasarán deprisa, lo importante estará cada vez más claro, y la memoria irá empeorando. Estaré más campanudo, más seguro, más decepcionado y más mayor. No sé si esto es bueno o malo, mejor o peor. Hay un dicho que dice que “no hay vueltas que no dejen algo”. Perdonen, pero siempre me gustaron los espirales que da la vida. Me parecen círculos que no mienten.
Desde que ella salió de pabellón, siempre mantuve la sensación de que me guardó un secreto en algún lugar, y yo tenía que descubrirlo. Ahora, mi papel está establecido, aunque nadie me ha informado si seré la estrofa de un tema de algún disco, la escena de una película, o la introducción a una historia que alguien aún no escribió. Es parte de la enseñanza de todo esto, cada día lo voy descubriendo. Está aquí dentro, donde no hay más que explicar, y no habrá un día concreto en que lo haya descubierto. Simplemente estará conmigo, formándose, y sin darme cuenta, yo seré ese secreto, lejos de esa nube gris del sábado que no paró de mojar.
Gracias a todos por reponer mi felicidad. Gracias Dios por devolverme la fe. Gracias mamá por querer luchar.
23:30 Anotado en COLUMNAS , VIDEO | Permalink | Comentarios (13) | Enviar a Email
domingo, 09 septiembre 2007
God Only Knows
Hace una semana mi madre sufrió un accidente vascular. Cayó desmayada en su habitación. Mi padre la encontró boca abajo, en plena crisis epiléptica. Mi hermana Ana la trasladó inconciente en su auto a la clínica, la acompañaba mi hermano Daniel. Mi padre estaba en shock. Están separados, pero mantienen una relación civilizada. Esa noche me encontraba en un evento de Absolut Lomo. Me llamó mi hermana alrededor de las 10.30 p.m. Me volví loco. Atravesé Alonso Córdova, Américo Vespucio, y Vitacura como un delicuente. No pensé en nada. Paré el primer automóvil que me enfrentó con sus luces altas. Llegué a la clínica Avansalud de La Florida. Mi madre se encontraba con riesgo vital. En minutos nos entregaron el diagnostico del escáner cerebral practicado por el medico de turno. No era una simple crisis epiléptica. Mi madre sufre de hipertensión. El resultado de ese scanner ha cambiado mi vida. Mi madre tiene un tumor cerebral temporal de 5cms., alojado en el hemisferio izquierdo de su cabeza. En ese momento prendí fuego a Dios. Esperamos por una cama en esa clínica. Esa noche, Santiago se encontraba con una crisis hospitalaria. Nos derivaron al Instituto de Neurocirugía. Caímos en buenas manos. Deambulamos toda la noche en una ambulancia privada. Mi madre no reaccionaba, su pulso era estable. Mis ojos estaban hinchados. No había presente. Mi vida con ella se pasó por frente en millones de fracciones de segundos. Soy egoísta, me gusta saber que mis padres duermen cerca, soñar que sobre la silla del comedor me espera el uniforme del colegio, limpio, planchado. Soy el mayor de tres hermanos, sin hijos, sin compromisos y medianos plazos que cumplir. Dude más que nunca de la vida, de mi existencia, me empezaron a doler los recuerdos, ausencias. Decidí curarme tapando, callando, increpándome por lo que no hago y tengo que hacer, por el tiempo que desperdicio, porque no paro de hacer el tonto.
Eran las 05.30 a.m. cuando nos atendió el neurocirujano de turno. Mi madre estaba más cerca de su Dios. Yo estaba más cerca de verla partir. La estabilizaron, con el diagnostico de urgencia nos derivaron al tercer hospital de la noche, Dr. Luis Tisné, cercano a nuestra casa. Creo que sí Dios existe, pensó en ella. Yo pensaba que Dios era esa voz de ultratumba que se oye en los concursos cuando la respuesta de uno de los contrincantes no está clara. No quiso llevársela. Eran las 07.30 a.m. Ella seguía estable pero inconciente. Ingresamos al box de urgencia. Estabilizadores, cambios de ropa, madrugada, mal aliento. Ella no retenía la orina, tampoco las convulsiones. Estaba imposibilitado. Respire muchas veces el leivmotiv del film “Conoces a Joe Black?”. La muerte tiene olor a pasillo, a soledad, a silencio, a arrepentimiento, a perpetuidad, a cenicero. No te busca, te encuentra. Tenía ese cansancio visual de los pasillos, de las sirenas, de las camillas, de ese olor particular al blanco empobrecido que todo hospital público proyecta. Con mi hermana logramos ingresarla a una pieza común. Conseguimos al mediodía llevarla nuevamente al Instituto de Neurocirugía. No pudimos internarla, ni menos sacarle la resonancia magnética a su cerebro. Seguimos en manos de otras personas que respiraron eso que tanto odie las primeras 24 horas. Respiraron a mi madre. Ella tiene cosas pendientes. La necesito más que a nadie en esta vida. La necesito para verla feliz. La necesito porque quiero que cuide a mis hijos, y que ellos la adoren por todo el tiempo que no pude decirle te amo. Día sábado, mi madre responde a los cuidados clínicos, nos reconoce, comienza a hablar. No recuerda nada. Tiene una sonda en su nariz, por ahí le administran suero para alimentarla. Tiene 3 agujas conectadas a sueros, ambos brazos están morados, le inyectan lo necesario para erradicar una nueva crisis, la estabilizan con inyecciones anticoagulantes.
Desde el sábado pasado mi vida tomo otro rumbo, ha cambiando para no parar. Está girando hacia un lado y hacia otro, como cuando enciendes la lavadora y te pasas de programa, y giras la rueda en sentido contrario para dejarla luego avanzar. Quiero que me vea feliz. Por primera vez me acordé del amor. De porque es tan esquivo conmigo o de por qué me esquivo de el. Comencé a ver las cosas de otra manera, de la manera que siempre la vi y no quise darme cuenta. He dormido mal. Despertándome muchas veces a lo largo de la noche. Soñando que desayunaba a medias, que no llegaba a despertarme, que veía borroso, que no me salían las palabras ni reconocía a nadie. Desaparecieron los compromisos, los calendarios, las agendas, los aniversarios, los regalos, los cumpleaños, la edad, las citas, los mensajes de textos, el amor, los amigos. Sin embargo, estos últimos me levantaron con su vibra. Desde ese día mi vida tiene más amor que nunca, mi corazón esta completo. Ya no tengo dudas. Mi madre esta conciente, comenzó a responder. La resonancia cerebral arrojó que el tumor era benigno, un cuerpo calloso de morfología e intensidad normal, de cirugía complicada. Es más pequeño de lo que pensábamos, sigue siendo impactante, verlo en la resonancia asusta, intimida, te hace dudar de donde te encuentras parado. Hoy es uno de los días más felices de mi vida. Mi madre asumió la parte más difícil: comprender esta realidad. Estoy feliz porque sé que estará pronto en casa. Sé que pronto se reirá y preguntará, cómo nos ha ido en el trabajo. Sé que quiere ser abuela. Sé que es la persona que menos merece pasar por esto. Daría todo para verla desayunar junto conmigo. Daría todo por verla entrar cada tarde después del trabajo. Daría todo por verla de pie este fin de semana. Daría todo para decirle que la amo, que la extraño, que la admiro, que la sueño, que me hace falta. Hoy ya no soy yo, así dice la letra de Cerati-Melero. Ya no soy yo, soy mejor persona del que la dejó esa noche en casa. Hoy ya no soy yo, claro que no. Sigo caminando, esperando que algún día encuentre un THE END que de paso a unos créditos donde por fin leeré quién soy yo. Vieja, te espero en casa, nos volveremos a reír, prepararé el té y esas tostadas con mantequilla y mermelada que tanto disfrutas.
Te espero. La mesa está servida.
I may not always love you
But long as there are stars above you
You never need to doubt it
I'll make you so sure about it
God only knows what I'd be without you
If you should ever leave me
Though life would still go on believe me
The world could show nothing to me
So what good would living do me?
God only knows what I'd be without you
God only knows what I'd be without you
If you should ever leave me
Well life would still go on believe me
The world could show nothing to me
So what good would living do me?
God only knows what I'd be without you
God only knows what I'd be without you
God Only Knows - The Beach Boys
01:45 Anotado en COLUMNAS , VIDEO | Permalink | Comentarios (17) | Enviar a Email
lunes, 14 marzo 2005
Lisa tiene un amor de ultra mar

Cuando vives con una mascota de peluche te acostumbras a hablarle todo el rato. Mejor dicho, a trasmitirle con subtítulos y muecas como se fue el día. Le cuentas lo que haces, lo que pretendes, lo que quieres, y lo que piensas en voz baja. Y al rato te das cuenta de que sigues con el monologo en primera persona, entonces sientes de que te has convertido en uno de esos personajes que rellena de palabras los espacios en blanco de la habitación.
Cuando trabajo en casa mi oso se acuesta y me mira fijamente. En cuanto me concentro, él me contempla inmutablemente a medio metro de distancia. Y en realidad es culpa mía. Mi oso no está acostumbrado a verme de noche, ni menos trabajando en casa, así que tiene que alertarme para que no explote. Cuando lo miro sé que me entiende, probablemente, porque es más ordenado que yo; come siempre del mismo plato, bebe siempre del mismo lugar, y folla siempre con el mismo cojín. No sé dónde habrá aprendido tanta organización.
La verdad es que no tengo muy claro porque existe entre ambos tanta tolerancia. Tampoco sé como he podido reemplazar los besos y los abrazos por sus lamidos gestos de paciencia.
Antes creía que lo mío era mezcla de timidez y soledad, pero cada vez estoy más convencido de que es una parte de mi vida que yo no controlo. Tal vez, porque no soy el único protagonista de esta historia, he pasado de interpretar mi vida a tener un papel secundario.
Nací actor de reparto, y aunque salgo en casi todas las escenas, no siempre tengo frases inteligentes, y sobre todo, porque el peso del guión ahora lo lleva Lisa, mi parietal de peluche.
Ilustraciones ::: Lukechueh
22:20 Anotado en COLUMNAS | Permalink | Comentarios (0) | Enviar a Email
Eso que pasa después de los 29

Viví en un tiempo de triunfos morales, con Martín Vargas, Carlos Caszely y Cepillin como actores principales. Soñé con ser algún día el Mago de la Polla Gol, apostando a campeonatos de fútbol con banderines de madera, jugadores con bigote y ponchera, celebrando los goles de Sandrino Castec, y las habilitaciones por la espalda del Pato Yánez.
De pequeño me apropié de canciones y dedicatorias en español, de pirateos con doble casetera y carátulas a un color. Fui parte de un soundtrack a casete, con postales sonoras de Aparato Raro, Soda Stereo, Electrodomésticos, Viena, y Sumo. Tiempos de apagones, y veredas con esperma, de La Operación Daisy y homenajes en el patio de la escuela. Fui uno de los tantos alumnos que aprobó con MB, de matriculas de 45 alumnos por sala, de pizarras a tiza y almohadones de huaipe, de estuches con imán, de cuadernos con forro plástico y hojas color roneo, de lápices a mina y goma de borrar con olor a sandia, de corbatín azul, cotona color cartón, y el apellido bordado a un costado.
De pequeño viví mi infancia en Rayenco, un pueblo mecano en la pre-cordillera de Los Ángeles. Yo tuve mis propios 15 minutos de felicidad. Si lo pudiera dibujar con palabras sería como estar en el history board de una película de Tim Burton.
Rayenco era la capital de Omo, y las lavadoras Fensa de tambor redondo. Si hay algo que no puedo dejar de olvidar era que todos en el pueblo se las ingeniaban para oler bien; el olor del entorno, del rocío de las mañanas, sus plantas, los árboles, los maquis, las nalcas, los avellanos, y mis compañeras de curso del tercero básico B.
Todavía dan vuelta por mi cabeza sus cabelleras largas, morenas, rubias, y trigueñas. Vestían con esos clásicos delantales a cuadros celestes, con sus nombres bordados a un costado, zapatillas North Stars, chalecos escoceses y pantalones de cotele azul. Era raro verlas fuera del colegio. Sólo estábamos al tanto de la existencia de sus diarios de vida, perfumados a guinda fresca. Una generación de chicas con frenillos, tan dulces como la leche con frutilla.
Fuimos una generación que no corrió a ninguna parte, la que llegó detrás del Retail, Internet y los TLC. Una generación que vivió de almacenes de casa, que vistió ropa amasada, que tragó chicles Miti-Miti, chupetes Pop Soda, y masticables en polvo Peta Zeta.
Es como si el tiempo no hubiera pasado, como si nunca hubiera salido a ningún lugar. Algunos hablan de que las historias bonitas hacen este mundo otro, mucho más atractivo. Sin embargo, me gustaría soñar con esa generación lisiada, que conquista el planeta Marte y desde allí, desde el espacio, envía consejos domésticos sobre como mirar hacia los ojos, de frente, al cielo y las estrellas.
Ya no quiero ser mayor,
no quiero ser mayor,
No quiero ser un hombre domesticado.
Ya no quiero ser mayor,
No quiero ser mayor,
Prefiero ser un niño enamorado.
Yo quería ser mayor-Roque Narvaja
22:15 Anotado en COLUMNAS | Permalink | Comentarios (1) | Enviar a Email