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viernes, 21 septiembre 2007
While My Guitar Gently Weeps
Félix Cristiani, bajista y compositor argentino, registra un pasado ecléctico dentro de la escena trasandina. Actualmente, es miembro de la banda de Daniel Melero, quién a su vez oficia de productor de La vida secreta, su primer álbum solista. Una colección de canciones con inquietud pastoral, certificado de un songwriter capaz de moldear letras a su antojo, inyectándo prontitud a himnos secretos no anunciados.
+ Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, pero a veces la espera es tan dilatada que llega a cambiar el sentido de las cosas. Así, ferozmente, Félix marca su ritmo desde el inicio de su carrera. De las primeras pruebas nació Marguerite, proyecto solista. Vinieron dos discos inéditos, Punk (2002) y 2 (2003): tecno, dub, minimal, glitch, entropía, maximalismo. También, fue parte de Spleen, banda con la que grabó Deriva, álbum inédito que contó con la producción de Marcelo Montolivo y la post-producción de Melero. Con la partida del baterista a principios de 2003, el grupo incorporó secuencias lo que concluyó en un disco de tecno rock que tuvo como invitados a Babasónicos, Daniel Melero, Juani, Gabriel Lucena (Entre Ríos), Carca, Gori (Fantasmagoria), María Fernanda Aldana (El Otro Yo), Adrián Paoletti, Capri y Sergio Chotsourian (Los Natas). Permanece inédito.
+ A menudo sucede que un cantautor desea sonar como un grupo, pero muy pocas veces se encuentran grupos que suenen a cantautor. Ese es el sorprendente aspecto que adopta el brillante debut de Félix, La vida secreta. Una placa grabada entre Septiembre de 2005 y Febrero de 2007, de voz silueteada, arrebatos y melancolía, de gusto confortable, y gran calidez, pero con la idea fija de no desviar la atención en sus composiciones e interpretación, desplegada en trozos de música que se escenifica a la caza de un pop de costuras y folk de dormitorio.
+ Félix entrega un disco enmarcado en un manual de estilo que no renueva nada pero que sí ahonda con acierto en el encanto de las cosas sencillas. Una voz narcótica, casi sedada, que maneja las riendas y aporta profundidad a una formula que no por clásica deja de sorprender: “Cuando grabo intento llevar la música y las palabras a otra dimensión. Hacer La vida secreta me tomó mucho tiempo porque quería un sonido que pusiera en contexto y amplificara esas palabras que tenía. Empecé grabando las acústicas. Escuchaba la toma y me deprimía porque se oía el acto de tocar. Y el texto perdía la idealidad del pensamiento. Se empobrecía. Con el tiempo me di cuenta que ocultando la interpretación llegaba a un estado musical de aislamiento, de sonidos ideales, y de sensaciones. Ganaba el carácter solitario de ese discurso”, comenta el compositor.
+ La vida secreta es infinitamente mejor que la mayoría de los discos que forman parte de un imaginario bajo un nuevo sonido de timbre y melodía sepia, que hace meses huele a cliché repetido, recocido para volver a sorprender a un oyente medio que ha empezado a resentirse de tanto producto inocuo y sobredimensionado por la caprichosa actualidad de medios que apelan al hype como verdad absoluta en la música: “No tenía pensado los arreglos, ni estaba la forma final -dice Félix-; fui recolectando material de manera bastante irregular y definí el cuerpo a partir de lo que tenía. Grabé muchísimas cosas, que se me iban ocurriendo. La mayoría fracasó. Y quedaron las que me salieron. Fue un collage. Materiales, relieves, colores”.
+ La vida secreta es una colección de canciones curativas. La calidad, la sensibilidad y la cercanía de su voz se conservan en textos sorprendentes de mucha emoción. Una placa de inteligencia emocional, radiografía de un mundo inmaduro, íntimo, extrovertido, meloso, mezcla imposible entre lo genuino y lo malévolo: “Es un disco de canciones compuestas con guitarra acústica y voz. Gradualmente se grabaron teclados, guitarras eléctricas, violines bajos y baterías que fueron recortados y pegados como en un collage. Ese modo de intervención impuso un funcionamiento de pesos y contrapesos en el que los instrumentos dejaron de trabajar como empleados de la forma (mayoritariamente A-B-A-B) ¿Qué es más incierto para el enamorado que el futuro? En La vida secreta el discurso amoroso aparece en un estado ideal y contundente”.
+ De ese modo, susurradas al oído, enamoran composiciones que sin dejar de sonar familiares sorprenden a cada quiebre: “Calor” (…el verano es lo que tengo / no hago más que abordar su fin / su calor es para otros…), “ La Espera ” (…una sola vez te ví / una noche como esta / sé que me recordás / me besabas con los ojos…), “Molestias” (... y si estás cosas se acaban / pronto quiero un fin / somos personas amables / capaces de destruir…), cuenta con la colaboración de Gustavo Álvarez Núñez, “Problemas” (…padecer con ilusión / esa fue mi historia / hoy ya no espero nada más / es el final de un camino / largo camino / no hay nada como vivir…), y “Siete Días” (.. hoy tiré de los cajones de la habitación / lo que aún te quedaba de vida).
+ Si se ha de empezar por el final, se empieza, incluso por el epilogo: de esta manera, uno escucha atento a cualquiera de los entrañables recorridos que se forman al completar una placa como esta. Hace falta volver a escucharlo, porque detrás de la vestimenta de sus canciones, se oculta un mundo que nunca podemos terminar de apagar. Nunca un final y un comienzo fluyeron directos y lucidos. Una borrachera de inocencia, precedido de una ceremonia de desenmascaramiento emocional. El mundo se ha vuelto demasiado cínico para sus composiciones. Por sus rendijas se cuela el sol. Un disco hermoso de cabo a cabo.
Fotos: Tomás Barry
Agradecimientos: GAN - Diego Luque - Félix
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